La vida
Eso que se vive redefiniendo en cada etapa.
Querida hija,
Desde que naciste la vida cambió completamente, es hasta difícil pensar que soy la misma persona viviendo la misma vida.
Los tiempos, las actividades, los hobbies e inclusive el trabajo ya no son iguales o no se sienten iguales.
Lo primero que tengo que confesar es que tener una hija es mucho más fácil de lo que esperaba. Creo que las eternas quejas que se escuchan sobre la mapaternidad vienen de no saber priorizar o no haberlo hecho después de cierto nivel de independencia financiera o temporal.
Tener un bebé y que esté bien es relativamente fácil, y lo voy a discutir con cualquiera que me quiera convencer de lo contrario. Solamente tiene que comer, dormir, estar limpia y recibir cariño. Todas esas cosas son fáciles y el bebé desde el primer segundo te avisa cada vez que necesita algo. La dificultad, si uno quiere, viene del hecho de que no hay vacaciones, de que no hay pausa, de que ahora tenés todas las cosas que antes tenías en tu vida conjuntamente con esta nueva responsabilidad permanente.
Para serte sincero, hacer la maestría fue por lo menos 5 veces más difícil que estos 9 meses con vos. Lo que me llevo a pensar que no todas las dificultades tienen la misma naturaleza.
Correr una maratón, por ejemplo, es hacer algo relativamente fácil por mucho tiempo, lo que lo termina convirtiendo en difícil. Equilibrar tu cuerpo sobre una mano es algo extremadamente difícil y es por eso que nadie lo puede hacer por tanto tiempo y que hacerlo por cualquier cantidad de tiempo es impresionante. Criar a una hija se parece más a una maratón, pero hay algo más, no podés parar, ella va a seguir viviendo y creciendo.
Otro punto que me parece el más interesante de toda esta experiencia es que el hecho de que vos llegues a mi vida ocupó de tal manera mi calendario que ahora realmente pude entender qué es importante para mí y qué no.
Al empezar tu vida adulta, entre los 18 y los 22 años por poner alguna edad, tus responsabilidades son pocas, evitables y tenés una gran red de contención donde podés caer sin que pase nada. No tenés que mantener a nadie, podés volver a vivir con tus papás, nunca realmente te vas a quedar sin plata o sin comer. A medida que pasan los años, tus responsabilidades se agrandan, tenés un alquiler que pagar, la idea de volver a lo de tus papás ya no es tan atractiva y hasta podrías tener tus primeras deudas que te impidan dejar de trabajar si eso deseás.
Todo eso no es nada comparado con saber que ahora sos el responsable del futuro de una persona, de una persona que es probablemente la persona que más te ha importado en toda tu vida, y contrario a lo que podrías pensar, la vida se vuelve más fácil porque ahora todas las decisiones son más fáciles.
Antes, decidir si almorzás un domingo con tu familia o con tus amigos, o si preferís verte bien vestida o tener ahorros, o si deberías comprarte un auto o irte de viaje a otro país, son todas posibilidades concretas con resultados reversibles.
Pero ahora todo se contrasta contra el futuro de tu familia. El nuevo intercambio es similar al que existía antes pero ahora no sos vos el único afectado. Ahora tenés que dedicarle tiempo a generar dinero (y necesitás más dinero que antes), dedicarle tiempo a tu vida, el mantenimiento básico de higiene, alimentación y sueño, y tenés y querés ver a tu hija, todo el día, todo el tiempo. Entonces el intercambio se siente más fuerte que nunca. Quiero trabajar porque quiero tener dinero para poder darte una buena educación, la mejor comida y comprarte cosas lindas, y no quiero trabajar porque quiero estar jugando con vos, explorando el mundo y compartiendo lo que nos gusta. Nunca sentí que la vida fuera tan injusta hasta este momento, cómo desearía que otro trabaje por mí.
La consecuencia de esto ha sido una nueva forma de trabajar imperturbable, ya no hay grises, las cosas se hacen o no se hacen, si se hacen, se hacen bien y rápido, y ya no acepto nada que no sea muy beneficioso.
Existe un concepto que se llama costo de oportunidad, básicamente cuando hacés una cosa, no podés hacer otra al mismo tiempo, y eso que te perdés de hacer es el costo de la oportunidad perdida. Ahora cada vez que elijo hacer algo, estoy comparando contra estar con vos, y ese costo no podría ser más alto. En consecuencia, solo elijo hacer cosas que disfruto igual de mucho, o que me mantienen bien, o que me dan una cantidad de dinero suficiente como para que tengamos un futuro mejor.
Para cerrar este compendio de ideas desordenadas, te dejo mi conclusión:
La vida es la poca gente que me gusta y tener tiempo libre en el que pueda hacer lo que quiera.
Hola,
La vida se puso intensa, entre Olivia, varios trabajo y una empresa nueva, las cartas quedaron en el cajón metaforico, archivadas. No obstante, quiero terminar este libro algún día y la única forma de lograrlo es escriendo. Mal o bien, desordenado o coherente, acá estamos de vuelta, no se con que cadencia, pero cada tanto te va a llegar otra de estas a tu mail, tus comentarios son siempre bienvenidos.
P.D.: Si vas a hacer un cometario sobre privilegios, ya lo se, los ignore a todos, a cada uno le toca una vida y no se puede elegir. Si crees que yo pienso que criar a una persona es fácil porque tengo privilegios, lo más probable es que tengas razón, pero eso no cambia nada de lo que pienso o dije. Las cartas las escribo para mi hija desde mi perspectiva.


Hola, extrañe tus pensamientos por acá